Contra el buenismo

Contra el buenismo

03.08.2014

Melitón Cardona

La obra de Max Frisch¹Biedermann y los incendiarios” es una fábula en la que un ciudadano corriente, el señor Biedermann, cierra los ojos ante el avance fuerzas destructivas de la sociedad que se manifiestan en forma de incendios provocados. Cuando Biedermann se encuentra con dos hombres en su casa, el matrimonio reacciona con aversión y desconfía de sus intenciones, pero ambos ocupantes actúan con una mezcla de arrogancia exigente y apelación a la compasión como víctimas de la sociedad, por lo que el señor y la señora Biedermann no se atreven a pedirles que se marchen.

Instalados en la casa, acometen de inmediato preparativos para incendiarla. Biedermann lo ve y oye todo y se inquieta, pero es incapaz de racionalizarlo y sacar la obvia conclusión de que se encuentra ante un grave peligro que debe conjurar. Sin embargo, hace todo lo que puede por complacer a los individuos. Les invita a cenar y pone la mesa de la manera más espartana posible para que quede claro que su familia no se considera superior a los ocupantes, sino que, por el contrario, está dispuesta a aceptar que son, sin duda, víctimas.

islamistas_y_buenistas¿Qué le impide a Biedermann afrontar la realidad? Parte de la respuesta consiste en el buenismo, una postura que no es expresión de principios morales profundos sino de pusilanimidad ante el conflicto, lo que es aprovechado por los ocupantes ya que, cuando Biedermann empieza a hacerles preguntas críticas, se muestran ofendidos. Al final, el protagonista llega tan lejos en su intento de aplacar a los incendiarios y de convencerse de que todo se arregla con un poco de amistad y humanidad que acaba entregando a sus huéspedes las cerillas que necesitan para culminar sus planes: tanto su casa como la ciudad acaban siendo pasto de las llamas. Con esa obra, Max Frisch pretendió evitar que se repitieran acontecimientos históricos llamando la atención de la gente sobre los mecanismos que condujeron a los nazis y a su ideología totalitaria al poder.

Europa viene adoptando una actitud excesivamente complaciente ante los avances del islamismo radical de la que participan hombres homosexuales y mujeres, homosexuales o no, que, como el señor Biedermann, se convertirán en las primeras víctimas de su suicidio buenista. Por eso sería bueno que se considerara al alcalde de Antibes como un ejemplo de sensatez y no como un racista xenófobo inhumano y despiadado. Recomiendo la lectura del libro danés “Islamistas y buenistas” ² que, para chasco de malpensados, es obra de dos políticos socialdemócratas de los que, por desgracia, no se crían en nuestro país.

  1. Max Rudolf Frisch (1911-1991) fue un arquitecto y escritor suizo en lengua alemana dedicado especialmente al teatro y la novela. Está considerado uno de los máximos representantes de la literatura en alemán posterior a la Segunda Guerra Mundial.

    En Biedermann y los incendiarios se  muestra cómo un ciudadano de clase media del todo corriente -el señor Biedermann- cierra los ojos ante el avance de fuerzas destructoras que amenazan a su sociedad, tal como ocurrió con el nazismo. El objetivo, un aviso: “El nazismo ganó adeptos apelando a su identidad racial (los arios); el comunismo lo hizo apelando a su identidad social (el proletariado); y el islamismo apela a su identidad religiosa“. El relato es un análisis de cómo afrontaron en Dinamarca y Europa el desafío islamista tras la publicación de las caricaturas de Mahoma.

  2. Islamistas y buenistas. Escrito de acusación es una crónica del buenismo que decide ceder ante los islamistas con la esperanza de que la cesión les evite problemas en el futuro. Karen Jespersen y Ralf Pittelkow lograron que este ensayo fuera número uno de ventas en Dinamarca con una valiente y razonada defensa de la libertad de expresión como pilar innegociable de la democracia. Y con una denuncia del islamismo como «una ideología política real que se caracteriza por ser totalitaria y letal». Jespersen y Pittelkow advierten de que esta «ideología totalitaria dicta lo que piensan y dicen las personas, y cómo deben vivir sus vidas tanto pública como privadamente». Como la amenaza es muy grave, concluyen que la respuesta ofrecida por los buenistas sólo agrava el problema pues la corrección política está atada al «miedo a las consecuencias de mantenerse firmes».
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