Vivimos unos tiempos convulsos y desconcertantes. Hasta el Papa Francisco incita a la violencia.

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Que una religión que se fundamenta en la sumisión completa a un dios, el único y verdadero, Alá es Grande, a través de las enloquecidas ensoñaciones de su profeta Mahoma incite a la violencia, hoy en el siglo XXI, por unas caricaturas de tan siniestro personaje, ya lo tenemos aprendido. Más que bien aprendido, lamentablemente lo hemos padecido; aunque no podemos entenderlo. Pero en Occidente somo así de multiculturales y no les exigimos, al igual que se exige para legalizar un partido político o una simple asociación ciudadana,  que sus «estatutos» sean democráticos, que no inciten a la violencia. A fin de cuenta se trata de una religión subdesarrollada y teocrática, a la que le falta de muchos hervores para ilustrarse y hacerse mínimamente compatible con el humanismo occidental.

Dios puede ser una idea, acertada o no; merecerá respeto no por si mismo sino por el respeto debido a sus creyentes, que a fin de cuenta son seres humanos. Pero el hombre es mucha más que una idea; es sujeto de derechos inalienables recogidos en una Declaración Universal de los Derechos Humanos. Aunque lo de “universal” no sea verdad; las teocracias islámicas no los reconocen.

yihadismoPor supuesto que los musulmanes son, también, victimas del terrorismo islámico, del fanatismo, de la intolerancia,… como no cesan de repetir una y mil veces los media. Estas manifestaciones tan reiterativas me parece que son una expresión de miedo ante algo que ya se considera imparable, ante una batalla que ya está empezada y que ya se da por perdida. Y que conste que no estoy escribiendo de una Guerra de Civilizaciones. Porque no se trata de una guerra. Para que haya guerra tienen que haber dos contendientes que se enfrenten con la intención, cada uno de ellos, de vencer y acabar con el contrario, No es nuestro caso. Aquí tan solo hay un atacante, el islamismo. Y nadie le planta cara; ni siquiera para defenderse. Y culpo al islamismo, no solo al islamismo radical, porque lo que estamos viendo, viviendo, es que todo el islamismo es radical. Porque el islam es radical, su libro es radical, los paises islámicos son teocracias radicales, los musulmanes que viven en paises no islámicos son radicales,… su objetivo es acabar con los infieles, con la decrépita y degradada, laica o cristiana, civilización occidental.

Après l'attaque perpétrée dans les locaux de

La clerecía islámica persa (que se sienta en la ONU, o sea que no son terroristas) exige a los dirigentes europeos una labor de “prevención” de la sátira, puesto que “el abuso de la libertad de expresión en Occidente no es aceptable, lo que significa una exigencia al establecimiento de un tipo penal específico que condene la blasfemia, al igual que sucede en todos los países islámicos, en los que se castiga con pena de muerte. Bueno tan bien se castiga con penas mayores, muerte incluida, la sodomía, el adulterio, la mujer violada, … y otras muchas delicatessen del mismo jaez.

Estoy de acuerdo con que no todos los musulmanes son terroristas, lo son tan solo unas decenas de miles, quizás no sean cientos de miles. Obviamente, la inmensa mayoría de los musulmanes no tienen el entrenamiento necesario para actuar como terroristas. Eso no quiere decir que, potencialmente, no lo sean; su religión es totalitaria y obliga a la sumisión y entrega total a su falso dios, tal como se lo inventó su falso profeta Mahoma. El islamismo ha sido y sigue siendo una de las mayores lacras y desgracias que han podido ocurrirle a la humanidad. Una religión que es incompatible con los Derechos Humanos, incluso con los derechos más elementales de las personas, no puede se considerada sino como ULTRAFACISTA.

papapacojpgEn Manila (Filipinas), el Papa Francisco predica que si alguién dice algo malo de mi madre, le daré un puñetazo, eso es lo nomal. Y por lo mismo, está justificando los asesinatos cometidos en nombre de la fe. No se pueden hacer bromas con la fe.

Le tenía yo un cierto respeto a este Papa. Parecía más integrado en el siglo, más humanista, pacífico, más por el perdón de las ofensas (o de las supuestas ofensas) que por la represión de la blasfemia. Pero no es más que otro ídolo con los pies de barro.

Hoy la blasfemia, tras los sucesos de París, está en las páginas de todos los medios, pero ¿qué es la blasfemia?.

En una pequeña celda, de una cárcel de Pakistán, una mujer (Asia Bibi), fervientemente católica, implora al Papa Francisco, y espera la muerte tras ser condenada por blasfemia. Trabajadora del campo, fue encargada de ir a buscar agua. El resto de las trabajadoras, seguidoras del Islam, se opusieron a que fuera, pues no siendo musulmana, contaminaría el recipiente y lo haría impuro. Por ello le exigieron que abandonara el cristianismo y que se hiciera musulmana. Ella contestó que Jesús murió en la cruz por los pecados de la humanidad y preguntó a las mujeres musulmanas que había hecho Mahoma por ellas. Presentada la denuncia por blasfemia, el juez la condenó a muerte por blasfemar contra el profeta.

La definición actual del término supone la ofensa verbal o de hecho hacia lo venerado por una religión, algo que a lo largo de la historia ha supuesto un arma de primer orden para todas las religiones, en su lucha contra todos aquellos que osaran discutir su terrenal y extracorpóreo poder.

Decía Bertrand Russell:

“Si hubiera un Dios, creo que sería poco probable que tuviese tal vanidad de ponerse incómodo como para sentirse ofendido por aquéellos que dudan de su existencia”.

Robert Redeker, filósofo, profesor, miembro de Les Temps Modernes, aseguraba recientemente que

“La religión no merece ni mas ni menos respeto que otras producciones notables de la imaginación humana. Nos podemos reir de Marx, Jesús o Mahoma, del Cristianismo y del Islam”.

Resulta excesivamente pretencioso exigir a los no creyentes que se comporten como creyentes ante los símbolos religiosos. Lo que la religión llama “respeto” no es mas que la pretendida sumisión universal a su particular imaginería social”.

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