Un ciclista pasea por una zona peatonal en Córdoba.

El Diario Córdoba ha propuesto para Debate, durante esta semana a punto de terminar, la ocupación de los espacios peatonales por parte de los ciclistas.

El título del debate, ¿Cree que las bicicletas están invadiendo el espacio de los peatones en Córdoba?, ha puesto muy nerviosos a los gamberros que circulan en bicicleta por las aceras y demás espacios peatonales de nuestra ciudad, incluidos los pasillos de Carrefour (según he podido comprobar personalmente).

Tan nerviosos que, en su talabanismo gamberril-cicleatón, han cargado contra la conveniencia de debatir este asunto, proponiendo como alternativa otros que, aunque pueden ser interesantes, no representan más que su claro desprecio a los que pensemos los verdaderos y exclusivos usuarios de las zonas peatonales, LOS PEATONES, de su actitud incívica.

Ni que decir tendría que estoy totalmente de acuerdo con el “titular” de esta encuesta, mal que le pese a los gamberros que circulan en bicicleta por las aceras y demás espacios peatonales. Esos gamberros no tienen excusa ninguna para INVADIR los espacios peatonales, ni tan siquiera la no existencia de sus anhelados carrilitos de colorines para bicicletas, pues incluso cuando los hay (Gran Vía Parque, Arroyo del Moro, Escultor Fdez Barba, etc.) se montan en las aceras (la cabra siempre tira al monte).

¡Es una vergüenza que esto ocurra en una ciudad que aspiró a la Capitalidad Cultural! Y no me vengan los “europedos” con monsergas y milongas; la admiración exaltada y entregada al “europedismo” es cosa de paletos deslumbrados por los anuncios de neón de la gran ciudad.

Mientras que los peatones no nos organicemos en una plataforma que defienda nuestros derechos como tales a circular, sin ring-rings ni sobresaltos, por las aceras y demás zonas peatonales, incluidos los pasos de peatones, estos gamberros en bicicleta seguirán campando a sus anchas.

Los peatones somos muchos más que los ciclistas; todos somos peatones. Así que podemos ejercer más presión que ellos ante las autoridades. Entonces, ¿por qué nos dejamos intimidar?

Y ruego a los verdaderos y buenos ciclistas, que haberlos haylos, que no se den por aludidos, sino que, por el contrario, influyan sobre los gamberros para que depongan su actitud incívica

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