La Energía Nuclear sonrie al futuro.

La Energía Nuclear sonrie al futuro.

Excelente artículo el del Prof. Santiago Navajas, Profesor de Filosofía, como modestamente se rubrica (autocalificarse de intelectual no estaría bien visto, aunque corresponda en este caso) en el Diario Córdoba de hoy.  

Llevamos ya  decenas de años de propaganda antinuclear furibunda, sectaria, propagando el pánico y el terror entre la población más indefensa, por su falta de formación científica. Incluidos niños de parvulario a quienes se le ha sustituido el miedo al sacamantecas de antaño por el de lo nuclear de hogaño.  Ya va siendo hora de que “se permita” la expresión pública en la defensa de los usos civiles de la Energía Nuclear.  Y digo “se permita” porque, aunque no esté explícitamente prohibido explicar las ventajas de la energía nuclear, hay que armarse de valor para salir a la palestra y pronunciarse a su favor, incluso simplemente para discrepar del ideario ultraecologista. Hasta hace poco, pronunciarse en tal sentido era  tanto como postularse para el Premio de Persona Non Grata entre una amplia capa social (política incluida), generalmente indocumentada (políticos incluidos), que podía darle o traerle a uno algunos problemas.  

Por ello celebro que poco a poco se vayan rompiendo las cadenas del miedo a pronunciarse sobre este asunto “políticamente incorrecto” y de que cada día seamos más los que nos enfrentemos, de cara o con seudónimo, a las enardecidas huestes ultraecologistas. Tenemos un duro quehacer por delante, que considero un deber moral. La noble tarea de desembrutecer al personal siempre ha sido y será más abrumadora que embrutecerlo en base a terroríficas soflamas apocalípticas, tan al gusto de los ultraecologistas.  

Energia nuclear

SANTIAGO Navajas 
Profesor de filosofía 
29/01/2010 Diario de Córdoba
 

 No deja de ser paradójico que los ecologistas de guardia procesionen en contra de los reactores nucleares portando como símbolo al mayor reactor nuclear en doscientos millones de kilómetros a la redonda: el sol. Las reacciones termonucleares que allí acontecen modulan la vida de nuestro planeta, desde la fotosíntesis hasta los cambios climáticos. Y llegará el día en que, convertido en una gigante roja, se trague a Mercurio, Venus y, ay, nuestro planeta azul, que para entonces estará más seco que la mojama. Estimado lector, es infinitamente más probable, Fermi no lo quiera, que usted muera de un cáncer provocado por la radiación solar que por la radiactividad de un almacén o central nuclear.   

Los ecologistas han sustituido a los sacerdotes de antaño en la labor de propagar miedos irracionales, inventándose catástrofes apocalípticas (aunque un mes profetizan que moriremos de un calor tórrido y al siguiente pronostican, siempre con barbas y gesto de profeta justiciero bíblico, que volveremos a la Edad de Hielo). Hemos visto cómo han falseado los datos del cambio climático para generar alarmismo, vulneran la ley creyéndose inmunes e impunes (aunque con la Justicia danesa han topado) y, en definitiva, usan torticeramente la ciencia para propagar el irracionalismo tecnofóbico. Recientemente, Wade Allison, profesor de Física en Oxford, y John Mueller, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Ohio, han denunciado la propagación de la cultura del miedo asociada al alarmismo sobre la radiactividad en dos libros basados en hechos, no en babosas ideologías: Radiation and Reason y Atomic Obsession .   

Viví unos años en Peñarroya, cerca del Almacén de Residuos de Baja y Media Radiactividad de El Cabril, que visité en varias ocasiones. Un lugar que complementa perfectamente la pureza de las líneas rectas ingenieriles con la cadencia fractal de los árboles y las montañas que la rodean bajo un aire limpísimo. En la zona corrían rumores sobre “extrañas” enfermedades, rumores que eran desmentidos rutinariamente por informes estadísticos que chocaban contra la tendencia al mito de los aficionados a las leyendas urbanas y a las supersticiones de barra de bar. Al almacén, estos enemigos del pensamiento lo llaman con metáfora manida y torticera “cementerio”…   

Otra paradoja: nadie quiere la energía nuclear cerca, todo el mundo protesta por lo cara que está la energía. Pero muy pocos, ni siquiera los sacerdotes del ecologismo –que lo han reducido a una secta– o los profesionales del mismo –que, como Al Gore y sus acólitos, se forran–, están dispuestos a renunciar al aire acondicionado por el abanico, el coche por la bicicleta o la vitrocerámica por la fogata. Mientras, un errático Zapatero condiciona la política energética del país a un sectarismo ideológico trasnochado y obsoleto que ha apostado irresponsablemente por la energía fotovoltaica, con un coste prohibitivo a cargo del sufrido contribuyente y un saldo neto medioambiental negativo ya que las células fotovoltaicas exigen la extracción de silicio en China, una actividad intensiva en uso del carbón.   

Tercera paradoja: si no fuera por las diversas sectas ecologistas que proliferan –y que, como todas, de la Iglesia Católica a la Masonería, están constituidas por un cúmulo de dogmas, supersticiones y ritos–, yo también me reclamaría ecologista. Pero en semejante compañía hoy día me daría vergüenza. 

 Tan solo manifiesto un punto de discrepancia con el Prof. Navajas. A pesar del sectarismo ultraecologista, constituido por un cúmulo de dogmas, supersticiones y ritos, yo me reclamo ecologista, y no me avergüenzo de semejantes individuos, porque no son mis compañeros, sino mis adversarios. Los ecologistas racionales no debemos batirnos en retirada frente a esa caterva de sectas pseudoecologistas  o ultraecologistas totalitarias que se arrogan la propiedad de todo el ideario ecologista científico y racional. 

Redundando sobre este sustancioso asunto,  el Prof. Manuel Lozano Leyva, un izquierdista antaño antinuclear y hoy horrorizado de que la izquierda dominante sea tan irracionalista y anticientífica, también publica hoy en el Diario de Sevilla un artículo sobre la cuestión. Y termina con este planteamiento tan platónico: 

El Parlamento de España decide por unanimidad instalar un ATC. Los pueblos pueden presentar candidaturas. Como el asunto se sabe impopular por décadas de propaganda antinuclear sin respuesta, se ofrecen incentivos sustanciosos. Y se desata una polémica en la que todos opinan sin tener en cuenta absolutamente nada de todo lo que se ha explicado anteriormente. Se escuchan cosas como que eso a mi diabetes le sienta fatal, la salud de mis hijas no tiene precio, al alcalde que presente los papeles lo echamos del partido y lindezas así. Los pueblos los ocupan unas docenas de forasteros enardecidos e itinerantes mientras la mayoría de los vecinos observan desde sus ventanas. En los plenos se rechaza el asunto a gritos. Los líderes políticos de toda laya hablan de solidaridades nucleares y cosas así. 

Decía Martí que sólo la cultura nos hace libres. Y sin ciencia no hay verdadera cultura. ¿Se puede hoy día ejercer la democracia sin una mínima información científica? 

¡Que país! ¡Que paisaje! ¡Que paisanaje! La España profunda y eterna. Hasta en este asunto tenemos que convertirnos en el hazmerreir de Europa y del Mundo Mundial. 

Como al Gobierno (de ZP, en este caso) le falta lo que hay que tener para tomar decisiones importantes de largo alcance, le pasa la patata caliente a los ayuntamientos, engolosinándolos con pingües beneficios para su pueblo. Cuando algunos aceptan, los de los alrededores se encabritan y encabronan contra el posible beneficiario, más por envidia al vecino y por su falta de decisión para postularse, que por “ideología” fachoecologista. Los Gobiernos de Segundo Nivel (CC.AA.), donde antes dijeron “vale”, en el Congreso, ahora “balan” plañideramente y “democráticamente” se enfrentan a las decisiones tomadas “democráticamente” por los Consistorios. Al final, … (continuará).

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