Gusto a otoño

El restaurante Senzone, del hotel Hospes Palacio del Bailío, presentó ayer a la prensa su carta de otoño y la selección de menús que ha elaborado para celebraciones navideñas en grupo, una invitación que no tiene perdón rechazar.

Ecologismo de consumo para privilegiados exquisitos.

Ecologismo de consumo para privilegiados exquisitos.

¿Hay algo más imperdonable que rechazar una invitación al restau­rante Senzone, del hotel Hospes Pa­lacio del Bailío? Si. Llegar con poco tiempo para disfrutarlo. Pero en eso no tuvo culpa ayer el chef, Juan Carlos González, durante la pre­sentación de la carta de otoño del restaurante y, posteriormente de la selección de menús de grupos para estas navidades.

El caso es que, como recordó ayer la directora del hotel, Veronique Timsonet, el establecimiento sigue manteniendo a rajatabla su filosofia de cuidar de todos los senti­dos del cliente. El tacto con los ma­teriales, la vista con la decoración, la música ambiente, los aromas… y por supuesto el gusto, de lo que se encargó ayer González con un menú de degustación de siete pla­tos. Por no aburrir ni dar envidia, solo citaré el rape de suquet sobre una crema de mejillón de roca, mini sepión y gamba blanca y el co­chinillo crujiente con palomitas de amaranto, crema de limón y cebolla confitada. Otro mundo.

El establecimiento, que lleva a gala mimar los sentidos del cliente, se hace “ecologista

Pero también es curiosa la otra vuelta de tuerca en calidad que ha dado el establecimiento al iniciar un programa, pionero en la cadena, para reducir el impacto medio ambiental con medidas de recicla­je y de control de gasto de recursos. Otro ejemplo: su carta de vinos na­turales, como el espumoso Barran­co Oscuro brut nature 2007, de las Alpujarras, que se probó ayer… Así estaría toda la vida cuidando el me­dio ambiente.

Diario Córdoba, 19/11/2009

Hasta aquí, la noticia; ahora unas breves reflexiones y apostillas.

Está bien comprobado que “el ecologismo vende“; vende tanto que hasta vende los mismos productos que el ecologismo combate.

La noticia, que no es otra cosa que promoción publicitaria (correcto), invita a un ambiente de lujo gastronómico que nada tiene que ver con el ecologismo bien entendido que, en su esencia conlleva una buena dosis de austeridad y solidaridad, aparte de su extremada preocupación por la Madre Gaia y por los carriles bici.

Supongo que las medidas para «reducir el impacto medioambiental» serán algo más que separar las basuras para su regogida selectiva por SADECO, cosa que debemos hacer todos los ciudadanos, sin alardear por ello de paladines medioambientalistas. Si hacen algo más, no estaría de más que lo explicasen, aunque solo fuese por darnos ideas a los que somos menos ocurrentes.

Supongo que el «control de gasto de recursos» es buscar los mejores precios en el mercado, aunque sea regatando con los proveedores, y no desperdiciar. Cosa que también hace cualquier hijo de vecino, más en esta época de vacas flacas.

Supongo que habrán habilitado un “aparcadero de bicicletas” en sus accesos, y que suprimirán el de los “cochistas”, para dar satisfación a esa inaplazable corriente pseudosocial anticochista que tanta conflictividad está generando en esta antaño tolerante ciudad. Me temo que tolerarán la “vestimenta bicicletera” para disfrutar de tan refinado ambiente. De hecho, el maître va en camisa, así que todo debe valer.

Supongo que se instará y presionará, sino se ha hecho ya, al Sr. Cuadra para “Carril bici, Ya” desde cualquier punto de Córdoba hasta el Restaurante Senzone, en pleno casco histórico y emblemático de Córdoba. Y que sea de hormigón fino,… que los “empedraos” causan estragos en las hemorroides bicicleteras.

Y como el ecologismo es solidario, que al menos un día a la semana (los martes me vienen bien a mí) deberían poner el menú de degustación a un precio  asequible para cualquier ciudadano mileurista, en particular para los ecológicos bicicleteros que tanto contribuyen  a la mejora del medio ambiente.

Felicito al periodista por su sinceridad y buen gusto cuando al final del artícolo exclama: «Así estaría toda la vida cuidando el me­dio ambiente.» Lleva todísima la razón; él y cualquiera. Yo me apunto.

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