Así es cómo el noble objetivo “poner bicis en la ciudad” se ha convertido en la farsa estúpida “poner carriles-bici en la ciudad“.
A ver, todos a la vez, en voz bien alta:

¡Carril-bici YA!” ¡Aleluya!

  • Preparar fantásticos proyectos de “imprescindibles” carriles-bici o, mejor aún, de una “Red Ciclista Básica” (¡guau!) con estupendos mapas llenos de rotulador rojo de acá para allá (atentos, hay que tener siempre un rotulador rojo de repuesto por si, con el entusiasmo, se nos gasta el primero).
  • Anillo ciclista en Cibeles.

    Anillo ciclista en Cibeles y propuesta de creación de tramos unidireccionales en Alcalá y Recoletos. El resto de la vía propuesta es bidireccional.

  • Preparar y publicar mapas, cómo no, de los carriles-bici que ya hay. 
  • Mapa de vias ciclistas en la ciudad de Madrid.

    Mapa de vias ciclistas en la ciudad de Madrid.

  • Organizar una manifestación (mejor: “bicifestación”, que queda más guai).
  • Hacer unas pancartas: “Carril-bici YA!”. ¡Carrilbicilandia! “…Nuestros papás nos dicen que digamos que Carril-bici ya!”
  • Hacer pegatinas y camisetas: “Carril-bici YA!”.
  • Organizar una recogida de firmas para pedir carril-bici, si es necesario intimidando a los afectados: decirles a los papás que tienen que apoyar el carril-bici, porque sus hijos necesitan un carril-bici para ir en bici a clase. Insinuarles a los ecologistas que no pueden llamarse “ecologistas” si no apoyan el carril-bici. (Manda güevos).
  • Escribir comunicados de prensa: “Carril-bici YA!”.
  • Preocuparnos por “problemas” artificiales que antes no estaban, como “la continuidad de la Red Ciclista”, “el ancho del carril-bici” o “la señalización ciclista” (pero no preocuparnos demasiado, ni de forma sistemática, y nunca antes de que se haga el carril-bici, porque corremos el riesgo de descubrir que simplemente el CB no se puede poner: lo importante es que se construya, y los nuevos problemas se arreglarán después, o seguiremos protestando).
  • Escribir conmovedores comunicados deplorando los conflictos entre ciclistas y peatones, culpando a los peatones por invadir el carril-bici que ha invadido su acera, y excusándonos porque, a pesar de todo, los automovilistas son al menos tan malos como nosotros (y además son más).
  • Escribir notas de prensa mostrando nuestra indignación cada vez que hay un accidente en el que un ciclista resulta herido o muerto (si el accidente es en la calzada, insistir en que hace falta carril-bici; Si es en un carril-bici, insistir en que es defectuoso o, si no se le encuentra ningún defecto, ignorar por completo ese pequeño detalle). Por supuesto, en ningún caso la conducta del ciclista puede ser la causante del accidente.
  • Protestar airadamente (si no queda más remedio) por los defectos y la pésima calidad de los CB existentes, aunque siempre de un modo que no ponga en cuestión la propia existencia del CB: siempre se trata de “mejorarlo”, nunca de quitarlo. Protestar airadamente, también, porque la red de CB es insuficiente y hacen falta más.
  • Pedir y mantener entrevistas con concejales, consejeros de infraestructuras y similares.
  • Quejarse en cada oportunidad porque las autoridades no se toman en serio la bicicleta, no están comprometidas con la “movilidad sostenible” y no se gastan “a favor de la bici” (es decir, en carriles-bici) toda la pasta que a nosotros nos apetece que se gasten.
  • Explicar a todo el mundo que la razón de que todavía no haya ciclistas es que los CB que hay son aún pocos, demasiado pocos, siempre pocos.
  • Esperar sentados a que el mítico carril-bici, cuando por fin se construya, atraiga mágicamente más ciclistas.
  • Cerrar furiosamente los ojos ante la clamorosa evidencia de que nada de lo anterior sirve absolutamente para nada.
  • Genial, ¿verdad? Ninguna de estas tareas tan “constructivas” y tan “progres” sería posible sin la idea espléndida del carril-bici. Pero eso no es todo, nuestro nuevo objetivo de activistas-de-la-señorita-Pepis tiene multitud de ventajas añadidas:

  • Es práctico. Nos da, como hemos visto, cienes y cienes de cosas completamente inútiles con las que mantenernos ocupados.
  • Nos reconcilia con el pasado: Nos da una explicación sencillita para disculparnos a nosotros mismos de nuestra completa y continuada incapacidad para poner bicis en las calles (demostrada a lo largo de los últimos treinta años).
  • Es facilito y simpático. Nos permite salir en prensa con un lema que todo el mundo entiende y que no compromete a nadie: “Hace falta un carril-bici. Ya”.
  • Es estupendo para nuestra autoestima (1). Nos permite creer que progresamos (aunque no se vea por ningún lado): “Nosotros hacemos cosas… es una pena que los resultados sólo los verán, con suerte, nuestros hijos”.
  • Es estupendo para nuestra autoestima (2). Nos permite creer que progresamos. “¡ya hay 423 metros más de carril bici! Cuando haya sólo 50 km más, empezaremos a ver bicis.”
  • Es estupendo para nuestra autoestima (3). Nos permite hacernos los ciclo-héroes, exagerando burdamente la peligrosidad de nuestros desplazamientos ciclistas, para resaltar la necesidad del carril-bici.
  • Nos permite hacernos los importantes (1), codeándonos con concejales, consejeros de infraestructuras y similar fauna.
  • Nos permite hacernos los importantes (2).  De pronto estamos hablando, en prensa y con las autoridades, de proyectos a favor de la bici que cuestan millones de euros. “¡Guau, qué labor tan importante estamos haciendo por la bici!”
  • Nos permite también hacernos los chicos duros, criticando severamente a los “políticos carcas” por no cumplir con su obligación de poner carriles-bici.
  • Es cómodo (1). Nos evita el esfuerzo de tener que fijarnos en los problemas reales de los ciclistas en la calle, y de hacer propuestas específicas para cada lugar.
  • Es cómodo (2). Nos exime de cualquier otra obligación: ya no tenemos que buscar nuevas ideas, ni plantear otras iniciativas; hasta que haya CB, no hay nada más que hacer.
  • Es cómodo (3).  Nos descarga de cualquier responsabilidad: La culpa de que no haya bicis no es nuestra, sino de las autoridades, que no ponen carril-bici.
  • Y lo mejor: el problema imaginario del carril-bici es a la vez:
    • manejable, porque da cosas para hacer, aunque sean idioteces,
    • e irresoluble, porque siempre va a ser incompleto, insuficiente, inadecuado o defectuoso.

    Problemas imaginariosGracias a la estúpida entelequia del carril-bici nos esperan años de activismo vacío pero feliz, al final de los cuales podremos incluso hacernos los profetas incomprendidos.

    Como dijo hace muy poco un veterano carrilbicista: “Llevo veinte años de esfuerzo en ésto, y la gente sigue sin usar la bici.” Pobrecito, cómo sufre: veinte años buscando la llave a los pies de la farola y todavía se pregunta porqué no la encuentra. Tú sigue así, amiguito. En otros veinte años de “carril-bici ya” igual has conseguido algo. O quizá tampoco.

    (Dedicado a El Roto, cuya viñeta del 27.1.2006 me inspiró este texto).

    Publicado por Txarli en  http://bicilibre.livejournal.com/25488.html

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